Red solidaria de vecinos 

Edward Johnn Silva Giraldo. 

Publicado en el periódico el observador sabana centro Edición 29 octubre de 2015 

La llegada de nuevos vecinos a la región pone a prueba la capacidad de promover espacios de inclusión y aprovechar el conjunto de oportunidades para el emprendimiento de proyectos e iniciativas creativas. En este sentido, es necesario reconocer las personas que “están” y las que “llegan” a los conjuntos residenciales y barrios, para construir relaciones de confianza y colaboración. Es así que se requiere empezar a replantear la visión fragmentada que separa a “los de adentro” de “los de afuera”.   

Cuando se logran puntos de encuentro para la expresión y validación de saberes, la comunidad genera un sentido comunitario que permite separar las fronteras y reconstruir puentes que conectan. Este es un proceso que consiste en trabajar con la gente y entre la gente. Es un reto que nos invita a convertirnos en agentes capaces de transformar nuestro entorno, al mismo tiempo que nos transformamos a nosotros mismos. 

Afortunadamente, ya se han dado pequeños pasos, porque en estas tierras contamos con grandes maestros de la vida cotidiana que enseñan y motivan, desde sus oficios y profesiones, el arte de tejer relaciones de colaboración. Son arte-sanos, de todos los géneros y generaciones. Al respecto, Paulo Freire, exponente de la educación popular, dice que “es escuchando como se aprende a hablar con la gente y validar su participación”. En misma línea, la psicóloga comunitaria Maritza Montero, profesora de la Universidad Central de Venezuela, señala que “el respeto del otro genera el derecho a la discusión y a la diversidad de opiniones”. 

Trabajar con la comunidad, es como escuchar una orquesta de jazz, donde cada persona tiene una capacidad específica que exige ser descubierta. Por este motivo, es fundamental reconocer el potencial de todas las personas y desarrollar como estrategia un directorio de contactos (banco de talentos), que permita conocer de primera mano qué sabe cada quien y qué le gusta hacer. Pero, para poner en marcha estas iniciativas locales es necesaria la participación comunitaria y el replanteamiento de las prácticas convencionales. Por ejemplo, la comunidad no es una población objeto que asiste a actividades para ser investigada por expertos aislados y portadores de soluciones con acciones unilaterales, sino que es un conjunto de sujetos actores, capaces de incidir en los programas que van dirigidos hacia ellos mismos. Sin lugar a dudas, la gente apoya lo que ha ayudado a crear y, por esto, la red solidaria de vecinos es una coproducción que consiste en construir conjuntamente ideas innovadoras y hacerlas realidad.  

El buen vivir y el vivir bien  

Edward Johnn Silva Giraldo 

Publicado julio 2019 en el periódico el observador sabana centro.  

El buen vivir (suma qamaña) y el vivir bien (sumakkawsay) son posturas indígenas que promueven la garantía de los derechos de la Pachamama (traduce tierra en lengua quechua). Estas posturas invitan al reconocimiento de los saberes ancestrales, los cuales conciben la naturaleza como fuente de vida que requiere cuidado. Por lo tanto, el cuidado de la madre tierra se expresa a través de la convivencia humana, una convivencia que busca fortalecer más el compartir que la competencia. 

La competencia promueve el lema “vivir mejor que los demás”. Este lema reitera en la necesidad de estar pendiente del vecino no para brindar apoyo, sino para estar por encima y superar la capacidad de consumo, por ejemplo, a través de un mejor vehículo. En este sentido, el buen vivir y el vivir bien, cuestionan el concepto de bienestar propuesto por la sociedad de consumo que se limita al acceso y a la acumulación de bienes materiales. Es decir, que el bienestar orientado por una visión capitalista enfatiza en un individualismo deshumanizado “primero yo, segundo yo y tercero yo”. En el individualismo deshumanizado impera la cultura del derroche basado en el consumo; del atajo centrado en la inmediatez y de la ley del más fuerte que legitima sacar al otro del camino.   

Los lugares también se han transformado. El parque como lugar de encuentro ha desaparecido. Ahora las familias visitan los centros comerciales y los temas de conversación se limitan a la tarjeta de crédito, las compras y las deudas. El lema de “buena vida” impone un estilo de vivir de manera egoísta y de apariencia. A dicho estilo de vida se le ha denominado bienestar, éxito, progreso, y desarrollo. Desde esta lógica se presiona a las familias a comprar lo innecesario y adquirir deudas con tarjetas de crédito donde los intereses aumentan día tras día, todo para responder a un pedido cultural de buena vida “el que no adquiere una deuda nunca consigue nada”.       

En cambio, el buen vivir y el vivir bien señalan que no se puede vivir bien si los demás viven mal, que lo importante es la vida, y que el objetivo no es aspirar a vivir mejor que los demás. En síntesis, no puede haber crecimiento personal en detrimento de la humanidad y la naturaleza.  

La salud es un bien común, no es una mercancía

Edward Johnn Silva Giraldo.  

Publicado en el periódico el observador sabana centro Edición 80 abril 2022 

La salud limitada a lo hospitalario, la enfermedad, lo individual y la prescripción de los medicamentos fragmenta la visión del cuidado integral. La salud también es agua potable, acceso a la educación y seguridad alimentaria. Sin embargo, el reiterado interés de mantener y reproducir los principios de eficacia y eficiencia que demandan las empresas, el mercado y las lógicas de consumo, invitan a desarrollar intervenciones en salud basadas en la postura individualista y competitiva centrada en la ganancia económica de unos pocos, en detrimento de aspectos del bien común tales como el aire, los suelos y los ecosistemas de vida.  

Es posible que en la actualidad se desarrollen proyectos de promoción y prevención, pero cabe señalar que algunas acciones pueden estar impregnadas de la lógica de salud mercancía, ya que los contratos los asignan a empresas o profesionales que convierten el bien común en un beneficio particular. Por tanto, la contratación para el desarrollo de estos programas en ocasiones se asigna a empresas dedicadas a otros fines, o profesionales sin formación para el trabajo con comunidades y la apertura para tejer de manera interdisciplinaria. Esta pauta de relación se encamina a favorecer por medio del discurso de la salud colectiva, los intereses particulares de los operadores e intermediarios del contrato. 

Los contratos otorgados a dedo o asignados como un favor político se suelen desarrollar de manera improvisada a partir de actividades que se reducen a una capacitación o campaña de corto plazo y descontextualizadas, donde los resultados se reducen en demostrar un impacto basado en cifras, la evidencia fotográfica y los formatos diligenciados. 

Entonces, resulta que se desarrollan programas sociales para beneficiar los intereses empresariales de un sector, se despilfarran dineros en acciones desarrolladas sin investigación y se reproducen labores descoordinadas. Al respecto, surgen las siguientes preguntas ¿Cómo fortalecer las acciones de promoción de la salud de modo articulado, contextualizado y participativo con perspectiva familiar y comunitaria? ¿Cómo generar un sistema de salud como bien común basado en los principios de la solidaridad colectiva? 

Construir en la diversidad

Edward Johnn Silva Giraldo

Publicado en el periódico el observador junio de 2022.

Hay letras de canciones que visibilizan lo invisible e invitan a construir en la diversidad. Gian Franco Pagliaro con la canción inmigrantes dimensiona históricamente los procesos de movilidad humana a través de los tiempos. Reymar Perdomo con la canción me fui expresa con el corazón la odisea de muchos hermanos que deben emprender caminos con rumbo desconocido.

Pagliaro canta un hermoso poema que eriza la piel. Sus letras son conmovedoras. La canción de inmigrantes me transporta a mis bisabuelos, abuelos y padres. Ellos como muchas familias tuvieron que viajar de manera improvisada y apresurada. Recorrieron muchos caminos. Y como dice Pagliaro: “desembarcaron en el puerto con el corazón confuso y los ojos cansados de tanto mar y tanto viento”. Pero “Trajeron sus canciones y sus bailes, sus idiomas, sus ritos, sus rituales”, “Trajeron los juegos que aprendieron de niños…”. Aprendieron “el oficio de sus antepasados para enfrentar el futuro. Y compartieron sus saberes y haceres en los lugares de acogida: “Eran campesinos, carpinteros, albañiles, artesanos… capaces de sacar agua del desierto y tierra de las aguas”.

Perdomo también canta con el corazón hinchado de emoción. La canción “me fui” relata su experiencia como migrante. Es una mezcla de tristeza, indignación, fuerza y esperanza. Su canción es una narrativa de epopeya heroica. Cuando la escuché, exclamé ¡eso también me puede pasar a mí! Y seguidamente pregunté ¿cómo ha logrado afrontar tantas adversidades? Y como dice Perdomo: “Con mi cabeza llena de dudas, pero me fui” “aquí estoy, creyendo en mí”.

Las dos canciones conectan el sentido de hermandad. Asimismo, invitan a pensar en la frase africana: “Yo soy porque nosotros somos”. Son letras que tejen la red para el cuidado de la vida. Sin embargo, ante los cambios vertiginosos surge la siguiente reflexión ¿cómo construir en la diversidad?

¿Unidades aisladas o comunidades solidarias?

Edward Johnn Silva Giraldo

Publicado en el periódico el observador Julio 2021.

Nací en una región de Colombia rodeado de verde natural. Viví mi infancia en un barrio que recién fundado estaba ubicado alrededor de fincas y el río de oro donde se construían historias de “espantos” y unión comunitaria. Los árboles de limón, papaya, guayaba y cacao generaban un aroma de frescura. El agua del río era cristalina; sin embargo, luego se convirtió en el depósito de todo lo que se desechaba, pues el modelo depredador predominante que envenena los ríos contamina el aire y destruye los cultivos, fue cambiando el color del agua y el lugar donde se fabricaban historias por montón, a cualquier hora del día, perdió su esencia idílica. En esa época mi familia y los vecinos nos reuníamos para organizar y realizar actividades deportivas y juegos tradicionales: trompo, yoyo, canicas y banquitas.

En navidad ocurrían encuentros improvisados para conversar alrededor de la música, la preparación y el compartir de los alimentos. Allí conocí las tertulias. Todos teníamos algo que decir, algo que aportar. Esa común unidad nos reunía como vecinos para jugar, conversar y compartir ¡Tiempos aquellos donde se podía jugar en los campos, cuando no teníamos tantas urbanizaciones!

En esa época se empezó a organizar la junta de acción comunal, se levantó la parroquia y en la finca contigua se construyó otro barrio. Recuerdo que me generaba curiosidad la delimitación simbólica que se daba alrededor de estos espacios, especialmente por las barreras artificiales. Es decir, muros de cemento y mentales que promueven la idea de que los vecinos del frente eran de otro barrio, de otro estrato social. Más grave aún, se naturalizó la creencia que había personas importantes. En otras palabras, como señala el escritor colombiano William Ospina -en el libro ¿Dónde está la franja amarilla? -se producía un modelo social excluyente de personas de primera categoría y de segunda categoría ¿Será que ese modelo aún perdura?

Hoy la vida en comunidad se aleja del compartir solidario, la insistencia de una publicidad orientada al consumo y la competencia como única forma de relación imperan en la cotidianidad. Por ejemplo, algunos realities fomentan la idea que la vida es un constante desafío y la consigna del juego se basa en la eliminación. Además, en esta pandemia se ha recurrido al encierro, el aislamiento y el distanciamiento emocional como estrategia de protección, lo cual también contribuye al deterioro de la salud mental. Por lo tanto, es necesario preguntarnos ¿Cómo vamos a proteger la vida? ¿Qué necesitamos para fortalecernos como comunidad? ¿Cómo construir una sociedad solidaria y aprendemos a convivir desde la dignificación humana?

Están envenenando los humedales

Edward Johnn Silva Giraldo

La tingua azul, es un ave migratoria que recorre los paisajes colombianos durante los meses de octubre y marzo. Su propósito es encontrar los humedales, ya que son una fuente ecosistémica de conectividad hídrica y nodos de biodiversidad que le permiten su ciclo de reproducción. Infortunadamente, la tingua encuentra un humedal envenenado, contaminado, desecado y rellenado para la construcción de avenidas y urbanizaciones. En su intento por buscar un lugar de descanso luego del largo vuelo, la tingua confunde los ventanales de las nuevas edificaciones con espejos de agua, ocasionándose heridas de gravedad.

A esta hermosa ave, que representa la diversidad, le están frenando su vuelo y callando su canto. El concierto de aves es interrumpido por maquinaria que inunda de cemento el verde natural. Por ejemplo, planean obras sin el consentimiento de la comunidad, y con la excusa de generar conexión vial o traer un supuesto progreso al sector, deterioran la conexión de los humedales con la flora, la fauna y la riqueza hídrica.  

Con la excusa de generar conexión vial y progreso al sector, surgen mensajes sobre los humedales que confunden a la comunidad: “son focos de inseguridad” y “caños de agua maloliente”, que se deben pavimentar para acabar con el problema de contaminación y otros riesgos relacionados con la seguridad; desconociendo que los humedales ayudan a regular el ciclo hídrico, generar microclimas, producir oxígeno y controlar las inundaciones. 

Para colmo de males, prometen que van a conservar el medioambiente, y por ello construyen un pasillo con plantas, que cumplen una función decorativa, que embellece el sector, pero a cambio se pierden los beneficios del ecosistema.  

El envenenamiento de los humedales da cuenta de una visión antropocéntrica que impera sobre el cuidado de la vida. Entonces, recordé las palabras de un adagio popular que repetía mi profesora de filosofía en el colegio “Cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado, el último pez pescado, solo entonces “el hombre” descubrirá que el dinero no se come”  

Hoy se construye sobre los ecosistemas de vida. Los reservorios de agua y los cultivos de papa son eliminados. Los dilemas actuales de progreso invitan a la ciudadanía a comportarse como testigo silencioso de la explotación de la naturaleza y la ruptura ecosistémica; reproduciendo patrones hiperindividualistas y consumistas.

Noches sombrías

Almary Rincón

Lic. Comunicación social.

7 de marzo del año 2019, día que Venezuela vivía el mayor apagón registrado en la historia; 22 de los 23 estados del país estaban a oscuras, y todo estaba colapsado.

Tres días bastaron para que llegara el caos; comida dañada, habitantes como muertos vivientes por falta de sueño, manantiales caseros secos, y la desesperación presente a flor de piel.

10 de marzo del 2019; 7 en punto de la noche, la oscuridad, el silencio y la incertidumbre arropan la escena, pensamientos e imaginación de la situación vuelan como aviones en el cielo, pero no tienen pista de aterrizaje. Autos pasando tal pista de carreras y personas susurrando como domingo en misa, todos escuchaban y nadie se atrevía a investigar.

La noche pasaba, y la escena se tornaba más tensa. Llantas casi desgastadas de la rapidez de los autos, todos detrás del mismo premio: La comida. Al pasar 3 días del “apagón”, la mayoría de las personas ya no contaban con el dinero suficiente para adquirir alimentos, por ende, llegaron a la decisión de “saquear” industrias, supermercados, y hasta tiendas por departamento. Ya no se caracterizaba por la necesidad, sino, por querer artículos que no estaban a su alcance y todo había sobrepasado los límites.

11 de marzo del 2019, aproximadamente 12 horas después de los “saqueos”, llueven como diluvio las noticias de lo ocurrido en las calles; la desesperación e indignación se apodera del cuerpo de todos, ya que no solo el servicio eléctrico aún no se hacía presente, sino que también, ya no habría puntos de surtido de alimentos post “apagón”.

Sin embargo, la función no acabó esa noche, ya los “saqueos” no eran solo en grandes industrias, los pequeños negocios en cada sector de la ciudad también fueron víctimas; pasando por mini mercados, hasta la tienda más pequeña y mínima, el caos se desató como toro en corrida. Comerciantes enfurecidos y dispuestos a defender su patrimonio tal soldado en guerra, se determinaron a tomar la justicia con sus propias manos; cerraron cada negocio del sector por más pequeño que fuera e implementaron un sistema de seguridad por guardia, para así mantener sus establecimientos fuera de las garras de los “saqueadores”.

Las horas pasaban, y nadie sabía que hacer; comunicación nula por celulares y medios de comunicación, alimentos escasos, hidratación mínima y sin saber que sucedía realmente, se vivieron los 5 días de “apagón” nacional. Aún se respiran, sienten y se viven secuelas de esas noches sombrías. Distintos tipos de negocios y supermercados cerraron sus puertas para siempre, al perder su material para salir adelante. Muchos quieren pasar página y olvidar lo acontecido, pero la realidad siempre será una: todos y cada uno de los venezolanos, quedaron marcados por aquellas noches de marzo del 2019.

Mochilas de esperanza

Isaac Gabriel Zurita Suarez. Edad 12 años.

Estudiante y escritor apasionado por compartir historias de esperanza.   

Una noche escuché a mis padres, hablando sobre mudarnos a casa de mi mami Elsa (mi abuela), porque donde vivíamos no les alcanzaba lo que ganaban para cubrir nuestras necesidades. Al llegar a casa de mi abuela, sufrí cambios importantes, me cambiaron de colegio y cuando comenzaba a adaptarme a mi nueva vida debíamos salir del país, pues mis padres no conseguían empleo y en realidad no querían ser una carga para mi abuela.

Salimos de VENEZUELA en el mes de mayo, un día muy especial, era el domingo día de las madres, ¡ya era una realidad! yo ignoraba lo que me estaba ocurriendo y ni siquiera sabía dónde íbamos a dormir. Llegamos a un pueblo llamado San Antonio, y allí atravesamos un puente donde había mucha gente, vi muchos policías vestidos de camuflaje verde y azul en ambas puntas del puente, yo me preguntaba: ¿Dónde estamos?… tengo miedo! y se lo dije a mi mamá, y ella con cariño me contestó: ¡Si no te separas de mí no te pasara nada!

Pasamos varios meses en una ciudad que luego supe que se llamaba Cúcuta y pertenecía a un país llamado Colombia; noté con tristeza que nos miraban mal y nos trataban con desprecio, mi papá aún no conseguía empleo estable…

Una noche los escuche hablando que en la mañana siguiente nos iríamos de allí, a otro lugar. Bien temprano agarramos las maletas, me colgué mi mochila y emprendimos la caminata; no supe nunca cuál sería nuestro destino, lo que observaba era que caminaba y no llegábamos a ninguna parte.

En esta travesía conocí la solidaridad de los colombianos, nos dieron comida, alojamiento y muchas veces nos llevaron «encolados» en grandes camiones, luego de 8 días llegamos a la Universidad de la Sabana, nunca había sentido tanto frio como esa noche, al día siguiente unos ángeles enviados por Dios, nos acogieron, nos dieron un techo y comida, empleo a mis padres… y aquí estamos en un sube y baja de sentimientos, situaciones muy cambiantes. 

¡Mis padres ya tienen empleo! Llevo 4 años estudiando en el colegio Antonio Nariño y estoy dispuesto a demostrarle a mucha gente que ¡SI SE PUEDE! Con mucho amor ¡LOGRARE ALCANZAR MIS SUEÑOS! De política no entiendo mucho, sólo sé, que gente estudiada se preguntan y conversan entre ellos cómo mejorar la vida de todos los ciudadanos, que el presidente y su equipo de trabajo crean leyes, decretos y otras cosas legales para solucionar la vida de nosotros los migrantes, sin sacrificar a sus paisanos, pero por las actuaciones indebidas de quienes deben cuidar a sus ciudadanos, es decir, de las malas políticas del gobierno venezolano, muchos de nosotros hemos venido a estas tierras a engrandecerlas y ser productivos.

Quería realizar un cuento, pero para mí fue mejor describir lo que viví en forma de cuento, ya que, por decisiones inadecuadas del gobierno, tuvimos que salir de nuestra tierra y dejar familia, amigos y mi país, pero doy gracias a todos los colombianos que de una u otra manera ayudan a estabilizar mi vida y la de mis padres… Muchas gracias por brindarme la oportunidad de expresarme, soy Isaac Gabriel Zurita Suarez uno de los muchos venezolanos forzado a dejar su patria, y quiero demostrar que los buenos somos más y que venimos a engrandecer a este hermoso país llamado Colombia.

Prácticas de colaboración desde el arte, la cultura y el deporte a favor de las infancias.

Edward Johnn Silva Giraldo.

Hoy en día los niños tienen más acceso a la información en redes sociales, sin embargo, esto no garantiza que tengan mayores procesos de comprensión. Por este motivo, es necesario fortalecer las competencias de lectura crítica para aprender a seleccionar lo que circula en el mundo digital.

En ocasiones, los contenidos que circulan en las redes sociales, responden a fines comerciales que buscan generar una masa uniforme de opiniones. Por ejemplo, hay campañas publicitarias que están dirigidas especialmente al mundo infantil; promoviendo que la única manera de establecer interacción es a través del celular.

De modo cuestionable, se afirma que tener un móvil de tecnología avanzada representa el supuesto de estar a la altura de los progresos tecnológicos, lo cual despierta las expectativas en los niños de tener un celular de alta gama, pero cuando se adquiere, este pasa a un segundo plano porque aparece otro más actualizado. Es así, que ha surgido un mercado dirigido a los niños, que los convierte en clientes consumidores, y que beneficia económicamente a un sector. Y es que la publicidad cautiva y seduce a los niños para que adquieran un celular de última tecnología, y estos a su vez presionan a sus padres para que compren cuanto antes el dispositivo. Los padres para sentir alivio ante la presión y compensar el tiempo que dedican a sus labores en detrimento del tiempo para compartir con los hijos, acceden a las peticiones.

Por ende, la alta dedicación de tiempo en las redes sociales, no puede soslayar la actividad física y recreativa que requieren realizar los niños a favor del desarrollo integral. Por ello, es necesario fomentar las iniciativas comunitarias, y ampliar la oferta institucional deportiva, artística y cultural que permitan el acceso a todos los niños para favorecer el compartir, el aprovechamiento del tiempo libre y el sano esparcimiento. En este sentido, las pantallas no pueden suprimir el tiempo de la recreación por el entretenimiento conducido que ofrecen los programas de televisión y las redes sociales. Además, es importante prevenir problemas relacionados con las posturas y la obesidad por el sedentarismo. Asimismo, problemas oculares por la sobreexposición a las pantallas de los dispositivos móviles y las computadoras.

Por consiguiente, surge la siguiente pregunta ¿cómo promover prácticas de colaboración a favor de las infancias por medio de iniciativas comunitarias e institucionales desde el arte y deporte para reconocer y fortalecer los saberes de las familias y las capacidades de los niños, niñas y adolescentes?   

Héroes cotidianos: Recuperando la memoria histórica de las sabias abuelas.

Por: Edward Johnn Silva Giraldo. Publicado en la web del periódico el observador. El 9 de octubre de 2021. https://elobservador.com.co/heroes-cotidianos-recuperando-la-memoria-historica-de-las-sabias-abuelas/

Tuve la oportunidad de leer el libro de MAMA Lety… Todo un cuento. Sus historias logran transportar la imaginación a la región Caribe. Es un viaje de afectos, caminos, encuentros y enseñanzas tejidas a través de la sabia conversa. Cada historia de MAMA Lety conecta con la infancia, la curiosidad, el asombro y la capacidad de leer la vida a partir de canciones, dichos y refranes.

Según cuenta su nieto Roman, MAMA Lety no dejaba escapar detalle, era observadora, cercana, sabia y directa. Cuestionaba las injusticias, especialmente la visión machista, pero también aplaudía con música el inicio de un nuevo día.

Cantaba y bailaba Manuelito barrios “quiero amanecer cantando, quiero amanecer bailando”. Conversaba y cantaba, componía letras con mensaje; producía intelectualmente con sencillez y humildad. Le gustaba compartir, se alegraba cada vez que escuchaba y contaba historias. No imponía, pero cada consejo era escuchado.  

Todas las mañanas saboreaba el tinto recién preparado, mientras su nieto Roman le contaba alguna anécdota vivida en la escuela. Ella escuchaba atentamente, preguntaba curiosamente y se acercaba hábilmente para enviar de manera jocosa una sabia reflexión. Nunca dejaba pasar por alto un comentario machista, de esos que circulan a manera de chiste denigrando contra la mujer. Era amorosa con todas las personas, pero fuerte con los comentarios que iban por otra vía, sin la intención de construir.

Roman heredó de su abuela MAMA Lety el gusto por la lectura, la escritura y la conversa. Lleva el legado de una tradición que valora el saber de la amistad, el compartir y la lectura crítica, manteniendo el sentido humano de la vida. Compone, canta y escribe conjuntamente recuperando la memoria histórica de las sabias abuelas. El libro lo escribió con su hija Juliana de 10 años. Juntos empezaron la conversa. Juliana con la expectativa de saber más de MAMA Lety acompañó las historias con dibujos recreando esos momentos.

Es una lectura para saborear al calor de un tinto y una agradable compañía. Con la escritura autóctona se recupera la tradición oral y musical. Roman y Juliana invitan a través del libro a disfrutar “el olor de una de una poesía, el canturreo de las hojas de un libro, el sabor de los rayos del sol o del gorjeo de las gotas de agua lluvia y a disfrutar del calor y el olor de la tierra mojada”.